El complot / En opinión con Octavio Raziel

Redacción MXPolítico.- María ben Ezra de Magdala, princesa de la casa de Benjamín, desposada en Canná con el betlemita Jesús, príncipe descendiente de David, mueve sus influencias para que su esposo sobreviva a la crucifixión.

También conocida como la Magdalena, utiliza la universal complicidad femenina para salvar a Jesús de la muerte. Manipuló a las mujeres más importantes de su tiempo y repartió dinero entre soldados y espías para lograr su objetivo.

El Complot de María Magdalena (*) narra de manera pura y perfecta su vida matrimonial con el nazareno; es una maravillosa historia de amor pasional y espiritual, humano y divino.

Ella es la mujer más citada en los evangelios y podría ser la verdadera fundadora del cristianismo. La apóstola de los apóstoles.

Pilatos retrasó la crucifixión presionado por Prócura, su esposa, que junto con otras mujeres pagaron para que la ejecución se efectuara a medio día; esto es, que estuviera clavado al madero sólo tres horas, pues al atardecer comenzaría la gran Pascua Judía.

¿Quiénes son esas mujeres? Tenemos que llevarlas al tormento, preguntó Pilatos a su consejero, el cretense Crátilo. Tu esposa Prócura, María, una de las mujeres de Herodes el Grande y Juana, la mujer de Cusa, chambelán de Herodes Antipas con quienes tenían pendiente la venganza por la muerte de Juan el Bautista, del que eran sus discípulas. También María ben Ezra, de Magdala; su hermana Marta y Maltace, la madre de Herodes, y otras más. También participaron José de Arimatea y Nicodemo, hombres poderosos y de muchos recursos. ¿Tú dices si las llevamos al tormento? Retó.

Retrasada la ejecución, durante su sufrido ascenso al Gólgota, Verónica, una de las participantes en el complot le unta a Jesús un sedante en la cara para que resista el tramo que le falta.

Antes de la crucifixión, las mujeres hicieron beber a Jesús una buena dosis de vino de mirra al que añadieron una cocción de adormidera.

La Magdala soborna a uno de los soldados para que a la esponja le agreguen una fuerte dosis de mandrágora que le lleva a la catalepsia, una falsa muerte; corrompe a otro para que lo lancee en el costado derecho y no en el izquierdo con salida de agua sanguinolenta pero que no le mata; además, evita que le rompan las tibias, lo que le provocaría un mortal embolismo graso. Finalmente logra que los soldados le permitan bajar del madero al hombre herido sin cumplir las ocho horas que dictaba el protocolo.

Cuando descienden de la colina una fuerte tormenta se desata y obliga a los espías judíos, lo mismo que a los soldados romanos, a resguardarse en chozas cercanas.

Magdalena aprovecha para ungir a Jesús en su tumba, acción que en la tradición hebraica corresponde sólo a la esposa.

Al día siguiente, la Magdala, María Madre y Marta acuden a la tumba para certificar si ya había desaparecido el efecto de la mandrágora; pero en el camino la esposa reconoce una voz: María, le dice; ella voltea y lo ve muy lastimado, con las muñecas y los tobillos vendados. Caminaba apoyado en un bastón.

Mientras tanto, Saulo (Pablo) a quien María madre considera un arribista, perseguidor de cristianos y verdugo del primer mártir (Esteban) un misógino incorregible, soldadote irrespetuoso, inicia la búsqueda de Jesús hasta el último rincón de Judea.

"Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle”. Mateo 27:55-56

 La huida (**)

María se rebela contra el acto de sacrificio de su hijo. Manifiesta, horrorizada, cómo nadie de los que decían amarlo se quedaron para bajarlo de la cruz, a limpiarle las heridas, a prepararlo para la tumba, a esperar su resurrección. Huyen, abandonando al Cristo a su suerte; le dan la espalda. Caterva de inadaptados los califica.

Cristo está consciente de que regresar a Jerusalén significaría la revuelta civil; cosa que ya estaba sucediendo en algunas posesiones romanas.

Una vez más, María madre huye con su hijo al monasterio, en Egipto, donde había sido instruido durante su juventud y parte de su adultez. De ahí continuaron a Cachemira donde, se dice, están enterrados los dos.

 María Magdalena, recibe la responsabilidad de ser la continuadora de las enseñanzas de su esposo; pero Pedro y otros apóstoles no quieren dejar pasar la oportunidad de ser los protagónicos, los sucesores. La Magdala huye a Francia de la persecución “apostólica” con su hija Sara Tamar y el que lleva en su vientre, Yeshua David. Allí se establece comerciando, como siempre lo había hecho, en perfumes y telas de lana de la más alta calidad, y transmitiendo el mensaje de Jesús.

Los misterios de esa mujer se van desvelando a pesar de que fue vilipendiada por el misógino Papa Gregorio que la convirtió en pecadora para que no opacara a Pedro; de apóstola de los apóstoles, buscó desprestigiarla y hacerla desaparecer del mundo cristiano.

Autor: Octavio Raziel

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